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6 de diciembre de 2012

LA ESTRELLA DE ORIENTE. Minicuento.

Ayer, las azafatas de una de las compañías aéreas nacionales iban repartiendo a los niños lápices de colores y una carta para escribir a los Reyes Magos. A mi lado, un niño al que le pudo más la intención de conseguir su deseo que la vergüenza, le preguntó con mucha educación a la sobrecargo: - Señorita, ¿puedo abrir la ventanilla cuando estemos en el cielo para entregar mi carta a la Estrella de Oriente? Y aquella profesional, le contestó: - No sabes cuánto lo siento, pero es que las ventanillas no pueden abrirse-. Todos fijamos sin querer miradas desilusionadas en la imagen que las palabras de aquella mujer, convertida en paje de Melchor, habían dibujado en nuestros escondites menudos, pero fueron sus ojos grandes los que siguieron hablando: Ya sé -dijo-, escribe tu carta con letra muy grande y clara y, cuando estemos en el cielo, pégala al cristal de tu ventana un buen rato, así la Estrella de Oriente o cualquier amiga suya podrá leerla fácilmente.
Y el niño nos dedicó una sonrisa más grande que sus mofletes, contagiosa y eterna, diría yo, y así lo hizo.
A ver qué cuerpo celeste, con luz o sin ella, no se rinde ante tremenda muestra de fe.
Lo cierto es, que no fue el único que acercó su carta a la ventanilla.
¡Feliz tiempo de magia!


LA ESTRELLA DE ORIENTE - J.Paz